Cuando China se abrió al capitalismo y a la inversión extranjera a finales de los 70’s de mano de Deng Xiaoping, se escogió empezar por un pequeño pueblo pesquero cercano a Hong Kong, llamado Shenzhen.
Desde entonces ese pueblo de 30.000 habitantes pasó en cuestión de unas décadas a convertirse en una megaciudad industrial y financiera con una población superior a 12 millones de habitantes.
Shenzhen tiene actualmente los mayores rascacielos y centros comerciales en un crecimiento atroz que muchas veces hasta implica no tener ni espacio para la materia sobrante de la construcción de edificios y metros. La mayoría de los aparatos domésticos vendidos en todo el mundo son ensamblados en Shenzhen y en su provincia de Guangdong, y la zona también ha venido teniendo una reputación internacional importante como imán para emprendedores de tecnología y se ha designado como uno de los hubs de start-ups que más van a destacar en el futuro.
Sin embargo, hemos de ver los pros y los contras de este crecimiento. Todo ha sido debido a la designación en su momento de Shenzhen como la primera Zona Económica Especial que implicaba un trato preferencial a la inversión extranjera y que dio como consecuencia, y como simbolismo de la evolución explosiva de China en plena globalización, una serie de daños colaterales como son la sobrepoblación, la corrupción, un medio ambiente contaminado y la auténtica falta de transparencia, en la legislación municipal y en los derechos laborales de muchos de sus trabajadores, que producen nuestros bienes de consumo para países occidentales.
El haber pasado de unos pocos miles de habitantes a más de 10 millones ha conllevado a ciertos cambios demográficos que podría explicar la filosofía de esta ciudad china y su propia marca urbana. Como es lógico, en este corto período de tiempo, la población es 99% migrante, muy transitaria y complicada de medir de manera exacta para estadísticas oficiales, lo cual dificulta la toma de decisiones y la forma de ofrecer los servicios públicos.
Años atrás, en 1989, ante la llegada de la última década del siglo XX, Shenzhen aspiraba a crecer mucho y a pasar de sus 30 mil habitantes a un millón a lo largo de esos diez años, pero las expectativas de crecimiento se multiplicaron exponencialmente y toda la planificación urbana hecha a medio plazo se quedó insuficiente. La vivienda creció de manera caótica y se formaron pueblos en la propia ciudad, construida por los propios granjeros.
Un nuevo concepto multifuncional apareció en esta megaurbe asiática: los bloques de apartamento de convierten en viviendas improvisadas para trabajadores solicitantes de empleo que pueden pasar cortos períodos de tiempo o permanecer en Shenzhen toda la vida. Aparcamientos se convierten en mercados, fábricas abandonadas se convierten en colegios para niños no censados y la llegada de familias nuevas no se detiene, implicando un sobreesfuerzo a los ciudadanos que no pueden disfrutar, o lo hacen de manera asimétrica, de las ventajas del desarrollo y enriquecimiento de una de las mayores ciudades del mundo.
El debate que ahora tienen las autoridades chinas para intentar hacer de Shenzhen una ciudad más habitable es o destruir estas aldeas urbanas independientes o restaurarlas, ya que estas “vibrantes comunidades” son las que han dado alma a la ciudad entera y hay que hacerlas partícipes del crecimiento.
Tras décadas de rápida urbanización, China está siendo consciente del impacto que tiene para el futuro el boom urbano de las pasadas décadas y por fin, tras casi 4 décadas de crecimiento frenético, se creó la oficina de política urbana para lanzar la guía del desarrollo futuro de las ciudades.
La población urbana china pasó del 20 al 57% y este boom hizo que ciudades como Shenzhen pasasen de un núcleo con pequeñas edificaciones a la fusión de varias sub-ciudades y pueblos, haciendo además difícil la comunicación interior entre estas áreas urbanizadas sin un coche.
La nueva disciplina urbana incluye unos puntos básicos para revitalizar los espacios ya existentes y convertirlos en zonas más sostenibles:
- Red de calles más densas y estrechas: Para mejorar la red de transporte, la capacidad de caminar, y el tejido social de los barrios urbanos. Este proceso se llevará a cabo en parte mediante la ruptura de superbloques con calles más estrechas de un solo sentido.
- Preservación Histórica: Para salvar lo que queda de la herencia arquitectónica del país se busca preservar la arquitectura histórica que diferencie a una ciudad de otra.
- Expandir redes de transporte público: Shenzhen ha de seguir mejorando también su red de transporte público para hacerla más eficiente.
- Aumento del espacio público y verde: Se busca crear una ciudad más habitable y sana.
- Construcción eficiente y de alta calidad: Las edificaciones de Shenzhen y de muchas otras ciudades han sido construidas con materiales de baja calidad y ahora se obliga a usar técnicas de construcción más eficientes y ambientalmente beneficiosas.
- La aplicación de límites de crecimiento urbano y la reducción de la expansión: Shenzhen ha sido el ejemplo paradigmático de crecimiento sin medida y el nuevo enfoque implicará poner un freno a la expansión urbana para que sea más sostenible.
El objetivo actual de Shenzhen es disminuir el promedio del Índice anual de calidad del aire de 38 a 35 en los próximos tres años. Shenzhen ocupa el primer lugar en la calidad del aire entre las principales ciudades de China, sin embargo, esta ciudad experimentó una severa contaminación en toda la década de 2000.
Shenzhen ha demostrado que la sostenibilidad puede ser compatible con el crecimiento. Los ingresos per cápita de Shenzhen superan actualmente hasta tres veces el promedio nacional, mientras que la intensidad de las emisiones de carbono por unidad de PIB es casi la más baja de las grandes ciudades de China. El consumo de gasolina y diesel ha seguido disminuyendo en los últimos dos años.
Todo depende de la intencionalidad de sus gobernantes y las primeras medidas estamos viendo que están haciendo efecto: Hay alrededor de 6.300 vehículos de nueva energía – taxis y autobuses – en la calle. Shenzhen también concede importancia a las medidas de ahorro energético, por ejemplo, los nuevos edificios deben tener aprobado un plan de diseño de ahorro de energía antes de su construcción.
Hay muestras de una intención clara de convertir a Shenzhen en una ciudad para sus habitantes, ya sean residentes, visitantes o trabajadores. Esperamos que se recojan sus frutos en esta nueva década con una evolución urbana sostenible.



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